
Con la vista puesta en el ya cercano Campeonato de Europa por Equipos, a disputarse a finales de junio sobre el sintético verde del madrileño estadio de Vallehermoso, iniciamos un viaje en el tiempo y, en dos entregas, descubriremos a 20 atletas legendarios que compitieron sobre la ceniza y sobre el tartán de Vallehermoso, en el viejo estadio y en el nuevo estadio. Haremos un recorrido cronológico en el que glosaremos a atletas que marcaron época en el concierto del atletismo mundial y a los que pudimos ver bien de cerca desde las gradas del estadio madrileño.
Ralph Boston
Hace 60 años, el 14 de mayo de 1965, el estadio de Vallehermoso se llenó con 10.000 espectadores en las gradas. En aquel Festival del SEU compitieron muchas figuras internacionales, pero de entre todas ellas destacó el estadounidense Ralph Boston. Boston era entonces una leyenda viva, pues no en vano, en 1960, había conseguido superar, con 8.21, el mítico récord mundial en salto de longitud de Jesse Owens, que había saltado 8.13 en 1935 y que había permanecido un cuarto de siglo en lo más alto de la tabla. Ralph Boston había superado cinco veces más la plusmarca mundial, la última con 8.34 en 1964. La actuación de Boston aquel día en Madrid fue magnífica, como se puede apreciar en la serie de saltos: 8.12 - nulo - 8.16 - 7.99 - 8.28 - 8.09. Los 8.28 se quedaban a sólo 6 cm de su propia plusmarca mundial. Y ojo a este otro dato: el salto nulo fue medido en 8.51, nada más y nada menos. Dos días más tarde, muchos de los atletas que habían competido en Madrid lo hicieron en el estadio de Montjuïc de Barcelona, en otra gran tarde de atletismo. Sobre un novedoso pasillo de saltos de rubkor, una especie de primitivo material sintético, Boston alcanzó 8 metros justos.
Colette Besson
A finales de agosto de 1971 se celebró un apasionante encuentro España-Francia en Vallehermoso, masculino y femenino. El equipo francés llegó con todas sus figuras. Una de ellas era la vigente campeona olímpica de la prueba de 400 metros, la siempre recordada Colette Besson. En efecto, Besson fue la primera campeona olímpica que compitió en Vallehermoso; se había coronado en los Juegos de México en 1968. En Madrid tuvo una fantástica actuación, pues se llevó el triunfo con 52.7; pensemos que entonces el récord mundial era de 51.0. Tras Besson entró su compatriota Bernardette Martin; ambas arrastraron a la gallega Josefina Salgado, que consiguió, con 55.4, un nuevo récord de España. Colette Besson fue una leyenda, no sólo del atletismo, sino del deporte francés. La pudimos ver muchas veces en España, como en los crosses en el País Vasco y en las antiguas pistas cubiertas de Madrid o Sabadell; falleció en 2005, a los 59 años de edad, víctima de un cáncer de mama.
Guy Drut
El francés Guy Drut era uno de los más jóvenes prometedores vallistas del escenario atlético a principios de los años 70; era un fino estilista, como se decía entonces, capaz en el futuro de plantar cara a los temibles vallistas estadounidenses. Sin embargo, con 20 años y en el Campeonato de Europa de Helsinki, a mediados de agosto de 1971, había sufrido una caída al tropezar en la tercera valla en su eliminatoria, lo que había dado al traste con las esperanzas francesas, pues no en vano Drut era uno de los favoritos al título. A finales de ese mes se presentó en Vallehermoso formando parte de un potente equipo francés y con ganas de resarcirse de su fiasco en Helsinki. En aquel España-Francia, sobre el recién inaugurado tartán de Vallehermoso, Guy Drut consiguió su objetivo, parando el crono en unos magníficos 13.5, una marca de gran calibre y que nunca se había visto en España. El futuro, efectivamente, le deparó el éxito a Guy Drut, pues fue subcampeón olímpico en Múnich 1972, oro en el europeo de Roma 1974 y, sobre todo, campeón olímpico en Montreal 1976, venciendo esta vez sí a los mejores vallistas estadounidenses.
Pietro Mennea
En la última parte de su larga carrera deportiva el italiano Pietro Mennea consiguió ser campeón olímpico de su prueba favorita, los 200 metros. Fue en 1980, en los Juegos de Moscú. En aquel momento, el italiano era ya plusmarquista mundial desde el año anterior; lo fue durante 17 años, hasta que la plusmarca se la arrebató Michael Johnson. Antes, siendo un joven de 19 años, compitió en Vallehermoso en el transcurso del Festival Mundial Universitario. Pietro Mennea se llevó sorpresivamente la victoria en los 200 metros con un gran crono de 20.48 (aunque con viento antirreglamentario). El júnior Mennea estaba exultante al terminar la prueba, pues había igualado la mejor marca de su ídolo, Livio Berruti, una leyenda del atletismo italiano. La historia le tenía reservado un sitio a Pietro Mennea, pues ya al año siguiente consiguió el bronce en los Juegos Olímpicos de Múnich, en 1979 se hizo con el récord mundial de los 200 metros y, como hemos apuntado al principio, en 1980 se proclamó campeón olímpico.
Viktor Saneyev
Durante muchos años, a finales de los 60 y durante los años 80 del pasado siglo, el georgiano Viktor Saneyev fue el mejor triplista del mundo. No en vano fue tres veces campeón olímpico (1968, 1972 y 1976) y una vez subcampeón (en 1980). En septiembre de 1971 estuvo en Vallehermoso, en la reunión mundial universitaria. Saneyev era el plusmarquista mundial, con 17.39, desde los Juegos de México. Pero en agosto de aquel 1971 un jovencísimo y efímero cubano, Pedro Pérez Dueñas, le arrebató el récord por sólo 1 cm. Saneyev se presentó en Madrid con el firme propósito de recuperar el récord mundial. Lo intentó denodadamente pero no lo consiguió. Fue un concurso “in crescendo”, con seis saltos válidos, y con el público que abarrotó Vallehermoso totalmente entregado. En su última tentativa alcanzó 17.29, a sólo 11 cm de la plusmarca mundial. Saneyev sí lograría al año siguiente, en su tierra natal, recuperar el récord del mundo.
Rosa Mota
Recordamos a muchos de los atletas de los que hablamos en este artículo por grandes logros en el estadio de Vallehermoso. Pero ahora hablaremos de una atleta que en su día pasó completamente desapercibida. En junio de 1975 se celebró en Vallehermoso una de las eliminatorias femeninas de la Copa de Europa, con España como anfitriona. En la prueba de 1.500 metros se clasificó última, con gran diferencia, una chiquilla portuguesa de 16 años, con 4:55.47. Su nombre, Rosa Mota. Aquella frágil y menuda atleta se convirtió siete años más tarde en campeona europea de maratón (el primero de sus tres títulos europeos), campeona mundial en 1987, bronce en los Juegos de Los Ángeles 1984 y campeona olímpica en Seúl 1988. Aquel día de 1975, viendo entrar en meta a la jovencísima Rosa, nadie hubiera imaginado que llegaría a tan altísimas cotas.
Daley Thompson
El británico Daley Thompson es uno de los decatletas más recordados de la historia. Y no sólo por sus hazañas atléticas, sus títulos y sus récords, sino también por su carisma dentro y fuera de las pistas. Pocos saben que un joven Daley Thompson, de tan sólo 18 años, compitió en Vallehermoso, en junio de 1977, en un fin de semana caluroso en el que se disputó un cuadrangular de pruebas combinadas entre España, Gran Bretaña, Italia y Dinamarca. La actuación de Thompson no pasó desapercibida, pues estableció un nuevo récord mundial júnior con 8.190 puntos (8.056 con la tabla actual), convirtiéndose en el primer atleta sub20 de la historia en sobrepasar los 8.000 puntos. Thompson estuvo 9 años imbatido en campeonatos o Juegos, siendo dos veces campeón olímpico (1980 y 1984), una vez mundial (1983) y dos veces europeo (1982 y 1986) de decatlón.
Ulrike Meyfarth
En los Juegos Olímpicos de Múnich, en 1972, una jovencísima atleta de 16 años de Alemania Occidental se proclamó campeona olímpica de salto de altura. Se trataba de Ulrike Meyfarth, que además utilizó el entonces novedoso estilo fosbury. En 1984, 12 años más tarde, aquella misma atleta, ya con 28 años, defendió los colores de su club, el Bayer Leverkusen, en la Copa de Europa de Clubes celebrada en Vallehermoso. Venció, como no podía ser de otra manera, con unos buenos 1.94, 2 cm más que la marca que le dio el título en Múnich. Tres meses más tarde, en Los Ángeles, se proclamaba por segunda vez campeona olímpica, 12 años más tarde de su primer título. Epílogo de esta historia: el que esto escribe saltó a la pista de Vallehermoso y, entre la chavalería que rodeó a Ulrike, consiguió que la campeona estampara su autógrafo en la entrada de aquella competición, 100 pesetas costó, entrada que el que esto escribe guarda como oro en paño.
Alberto Juantorena
El cubano Alberto Juantorena había sido doble campeón olímpico, de 400 y 800 metros, en los Juegos de Montreal 1976. “El caballo”, como se le denominaba con admiración, era siempre centro de atención. En el II Trofeo MAM-Galgo de 1984 pudimos disfrutar en Vallehermoso de la amplísima zancada de un atleta que tenía ya 33 años. Se había lesionado de gravedad el año anterior, en el mundial de Helsinki, y regresaba en esos días a la competición. No obstante, su actuación no colmó las expectativas, pues se limitó a ganar su 400 en 47.07. En su descargo digamos que la noche anterior había corrido un 800 en Italia y había llegado a Madrid pocas horas antes. Ese año, por el boicot de los países comunistas, no pudo competir en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles; al final de la temporada de 1984 Alberto Juantorena anunció su retirada de las pistas, iniciando una exitosa carrera en los despachos, como miembro de la federación cubana, de la IAAF y del Comité Olímpico Internacional. Juantorena ha visitado decenas de veces nuestro país; sin embargo, aquella fue su única competición en España de toda su carrera deportiva.

Los Juegos Iberoamericanos de 1962
Y terminamos este artículo por el principio, no por el final. Y no con un atleta concreto, sino con un acontecimiento que marcó un hito histórico del atletismo español. Con el estadio de Vallehermoso casi recién inaugurado, en octubre de 1962 se celebraron en él los II Juegos Iberoamericanos. En aquellos días el público español abarrotó las gradas durante todos los días de competición, que se quedaron pequeñas para la ocasión, y pudo disfrutar de atletismo de primer nivel, con todas las estrellas españolas e iberoamericanas del momento. Un hecho muy destacable entonces es que hubo competición femenina, eso sí, sin atletas españolas en liza. El atletismo femenino español había vuelto tímidamente en 1960 y era aún pronto para competir con las experimentadas atletas del Caribe y de Sudamérica. Aquellas atletas iberoamericanas fueron, sin saberlo, el espaldarazo definitivo para que el atletismo femenino español se incorporara a la normal actividad atlética. En Vallehermoso se consiguieron algunas de las mejores marcas logradas hasta entonces en España y se pudo disfrutar de atletas de talla mundial como el pertiguista puertorriqueño Rolando Cruz, la jabalinista chilena Marlene Ahrens (subcampeona olímpica seis años antes), el vallista argentino Juan Carlos Dyrzka, la velocista cubana Miguelina Cobián o el decatleta venezolano Héctor Thomas.
