A alguien que en un momento de su existencia se debate entre el lanzamiento de martillo y el salto con pértiga ya se le puede calificar, sin duda, de especial. El ojo clínico de Toni Simarro coadyuvó a tomar le decisión correcta, aunque Andrea siempre combinará varias pasiones: lo mismo dispara indomable el martillo hasta la grada de enfrente que doma a los equinos acariciándoles como solo ella sabe, y que no le citen para un examen de Economía, que pasa a la mejora seguro.
Nuestra protagonista brilló sobremanera en la final de la Liga de División de Honor lanzando el implemento hasta ¡70.58! consiguiendo un buen puñado de hitos: récord de España sub-23, mínima RFEA para el Europeo de Birmingham, auparse al segundo puesto absoluto de todos los tiempos, convertirse en la tercera española que sobrepasa la elitista cota de los 70m y primera victoria en duelo directo sobre la plusmarquista nacional, Laura Redondo, ¿quién da más?
Nada hacía presagiar sin embargo la tormenta métrica que se desató en el estadio Larrabide el pasado sábado, “sinceramente, no fui pensando en hacer esa marca porque llevaba unas semanas complicadas por ser época de exámenes y no estaba descansando tanto como suelo hacerlo; técnicamente no me encontraba en mi mejor momento, no terminaba de encontrar ese ‘feeling’ con el martillo; la semana de la competición bajamos el ritmo, Toni y yo conseguimos corregir algunos detalles técnicos y empecé a disfrutar otra vez dentro del círculo; llegaba bien físicamente, pero mi objetivo solo era recuperar sensaciones, volver a competir con confianza y coger ritmo, quizá sin pensar todavía en una marca tan grande como la que salió; sí es verdad que Toni me dijo antes de empezar el concurso que iba a ser un buen día, que me lo notaba en la cara, pero yo me limité a, como siempre, concentrarme mucho y tener muy buena actitud dentro del círculo”.

Solo estalló de felicidad Andrea cuando supo la medición de su trallazo en la cuarta ronda, “al salir del círculo, la verdad es que no sabía exactamente cuánto había lanzado, era mi primera vez en esas pistas y no tenía muy controladas las referencias de distancia; por las sensaciones técnicas sí sabía que había sido un buen lanzamiento; pensaba que podía estar alrededor de los 68 metros, pero no esperaba ni acercarme a los 70m”. Elegante y con una madurez impropia de su edad, valora su triunfo ante Laura Redondo, “creo que juntas hicimos una competición muy interesante y bonita, dando visibilidad a nuestra prueba y demostrando el nivel que tiene ahora mismo el lanzamiento de martillo en España; competir con atletas de ese nivel es precisamente lo que nos ayuda a mejorar y a seguir empujando nuestras marcas; competir con Laura, más que para compararme, me sirve para aprender de ella y seguir mejorando; además, solo lancé unos centímetros más que ella (70.34) y lo más importante fue los puntos que aporté al club”.
Las puertas del Europeo de Birmingham comienzan a abrirse de par en par para Andrea, “ahora tengo varias competiciones antes del Nacional de Málaga en las que intentaré conseguir el máximo número de puntos posible para entrar en el ranking y, ¿por qué no?, intentar también la mínima europea, que está en 71.50m, un objetivo exigente, pero que veo un poco más cerca desde hace unos días”; como corolario de su flamante 70.58, comenta: “estoy muy feliz de poder demostrar el trabajo que llevamos haciendo Toni y yo y también de todo el apoyo de mi familia y amigos, que están ahí después de cada mal entrenamiento, cada competición complicada y cada sacrificio que implica este camino. Al final, llegar algún día a ser deportista profesional es un proceso largo, y tener gente que te acompaña hace que todo sea mucho más llevadero y también más bonito; además, hacer esta marca a principios de junio me da tranquilidad y me permite afrontar lo que queda de temporada con más confianza, sabiendo que el trabajo está hecho y que todavía tenemos margen para seguir mejorando hasta final de julio y entrar en el ranking por puntos; ahora toca bajar carga poco a poco, llegar cada vez mejor a competir y disfrutar del proceso sin añadirnos más presión de la necesaria”.
Echando mano del retrovisor, nos relata Andrea las circunstancias que rodearon su acercamiento al deporte olímpico rey por excelencia, “empecé a los 12 años entrando al colegio Diputación Penyeta Roja de Castellón, donde nos becan por atletismo al pasar diversas pruebas: salto vertical, balón medicinal, 40m y 1000m y, una vez dentro, te enseñan a compaginar deporte y estudios, te enseñan todas las modalidades del atletismo y te incentivan a que compitas o, por lo menos, pruebes todas las especialidades; ya en 2º de la ESO te especializas según tus preferencias y cualidades o pruebas donde destaques”.
No pocos reputados lanzadores dudaron en sus inicios entre los cuatro lanzamientos antes de decantarse por su concurso predilecto, pero la disyuntiva que se le planteó a Andrea difirió bastante, “sinceramente, el resto de lanzamientos se me dan y se me han dado siempre fatal, entonces no tuve ningún problema al decidirme por el martillo; mi duda fue otra, porque yo combinaba lanzamiento de martillo y salto con pértiga, cosa que se me fue complicando y me decidí por el martillo”; en esa elección, más que acertada a tenor de sus resultados, jugó un papel capital su técnico y mentor, Toni Simarro, “este verano hará ya seis años desde que empezamos a entrenar juntos; si tuviera que destacar algo por encima de todo, creo que sería la pasión que tiene por el atletismo, por los lanzamientos y por su trabajo, las ganas que demuestra por seguir aprendiendo, por buscar nuevas formas de entrenar, mejorar y evolucionar; además, la manera en la que consigue transmitir todo eso a sus atletas hace que tengamos un ambiente de trabajo muy agradable, basado en la confianza y en el sentimiento de equipo dentro del grupo de entrenamiento; creo que esa unión acaba reflejándose también en las competiciones y en los resultados; a nivel más personal, creo que conmigo siempre ha tenido mucha paciencia, como por ejemplo, cuando tuve que decidirme entre la pértiga y el martillo, siempre me ha acompañado y me ha ayudado a tomar decisiones que para mí han sido difíciles; también ha sabido ayudarme a encontrar el equilibrio entre la vida social, la parte académica y el deporte de alto nivel; durante todo este tiempo trabajando juntos, se ha convertido en un pilar fundamental para mí, me transmite confianza y seguridad, no solo dentro de la pista, sino también fuera de ella”.

Si bien venía ya avisando, ha sido en este 2026 cuando Andrea ha destapado el tarro de las esencias, con actuaciones descollantes, como la que protagonizó en Nicosia en marzo, durante la Copa de Europa de Lanzamientos, cuando el implemento voló con furia hasta aterrizar salvajemente a 68.91m del círculo, “como había estado muy regular este invierno en 65 y 66 metros y llegaba allí con 67.51 sabía que podía lanzar algo más antes de acabar del invierno, pero era consciente de que solo tenía un campeonato más y de ese calibre, además; creía que podría estar cómoda en mis marcas y si tenía un buen día, mejorar un poco esa marca personal, pero no tanto”; ese cuarto ensayo en tierras chipriotas envió al limbo el vetusto récord sub-23 de la gran Berta Castells, que trasladó su martillo hasta 68,87m dos años y medio antes de que Andrea viera luz, “batí por primera vez un récord nacional en categoría sub-16, de Berta también, con mucha ilusión e inocencia; después, tanto en categoría sub-18 como sub-20 me he quedado a pocos centímetros de los récords, por lo que me hizo especial ilusión batir un récord después de tanto tiempo detrás de ellos”.
Intentamos ahora desentrañar las claves de ese lanzamiento que le dejaba a 1.09 de la elitista cota de los 70m, ya derribada, y nadie mejor que la protagonista para glosarlo, “creo que entré al círculo y empecé el lanzamiento muy decidida, lo que me hizo trabajar y atacar bien y eso me llevó a girar lo suficientemente rápido para lanzar esos 68.91; justo al hacer el final, sabía que era más largo que los anteriores, pero pensaba que era de unos 66m ya que técnicamente no lo sentí como uno de mis mejores lanzamientos, pero enseguida vi como el asa del martillo movía la cinta que marcaba los 70 m en la caída, así que me emocioné sabiendo que había sido más largo de lo que en principio pensaba”; en muchas ocasiones, el estallido de emociones inherente a un gran récord deja exhausto mentalmente al flamante plusmarquista, pero Andrea mantuvo la compostura y la concentración, consiguiendo otro trallazo de 68.22 en la postrera tanda, “sabía que tenía una muy buena oportunidad y no la quería desaprovechar; después de celebrar un momento la marca personal y el récord de España, dejé de pensar en eso, me centré en las buenas sensaciones que había tenido, en lo que podía mejorar y me concentré en los lanzamientos que me quedaban, preparada para lo que pudiese venir, porque aún no tenía la medalla asegurada”.
Nicosia vio subir a lo más alto del pódium a nuestras lanzadoras sub-23, gracias en buena medida a los triunfos individuales de ambas Andreas, Sales en martillo y Tankeu en disco; ambas, junto a Inés López, conforman la punta de lanza de una generación de lanzadoras que amenazan con marcar una época en nuestro atletismo, “creo que tanto ellas como yo formamos parte de un grupo de atletas que está trabajando duro, con muchas ganas y con objetivos muy claros, estamos muy enfocadas en los entrenamientos y en seguir mejorando cada día; además, creo que no somos solo tres nombres, hay muchas españolas que están apostando fuerte por este deporte, trabajando a un nivel muy alto y haciendo muchos sacrificios para conseguir sus objetivos. Me gustaría destacar también a Naomi Ezenwa, que además es compañera mía de entrenamiento, y a todas las demás compañeras que forman parte de esta generación; creo que el nivel que estamos alcanzando también viene de la competencia y del buen ambiente que hay entre nosotras, porque tener atletas alrededor que entrenan fuerte y que tienen ganas de mejorar hace que todas podamos crecer y que salgan mejores marcas; ojalá que sí podamos marcar una época, tenemos mucha ilusión, ganas de trabajar y creo que hay un grupo con mucho potencial para conseguir grandes cosas”.

No será la presea malacitana la primera en el casillero de Andrea, ya el año pasado en Tarragona se alzó con el bronce absoluto con apenas 18 diciembres, “aparte de la ilusión que supone la primera medalla nacional absoluta, venía de quedarme un poco descontenta de mi nacional sub-20, por lo que me alegró mucho mi actuación en el absoluto al poder demostrar el trabajo que había hecho; además, fue un chute de confianza de cara al Europeo sub-20 que tenía la semana siguiente”. Allí en Tampere rindió de forma excelsa en la calificación, lanzando 65.07, muy cerca de su marca personal, aunque no pudo confirmar ese nivel en la final, que la hubiera situado entre las cinco primeras martillistas del continente, “tanto Toni como yo habíamos hecho un buen trabajo, pero en la final, a la hora de la verdad, creo que me hice un poco ‘pequeña’ en el círculo, me faltó atacar con la agresividad y la confianza con las que competí, por ejemplo, en Chipre y seguramente eso fue lo que me alejó de poder estar entre las mejores en la final; aun así, creo que aprendí muchísimo de ese campeonato, incluso más de lo que probablemente habría aprendido con una buena final, me llevé una experiencia muy importante de cara al futuro y a competir en campeonatos internacionales absolutos; poniendo todo en perspectiva, mi actuación en Tampere creo que forma parte del proceso: estoy aprendiendo a dominar mi técnica, a competir en campeonatos de este nivel y, sobre todo, a confiar en mí misma cuando estoy en el círculo y veo que tengo opciones; a veces llegan competiciones menos buenas y en momentos que no son los ideales, pero la verdad es que intenté tomarlo con calma y ser justa conmigo misma, ya que el invierno anterior venía de una lesión y si, a principio de año, me hubieran dicho que iba a estar lanzando 65 metros y en una final europea, seguramente no me lo habría creído”.
En el prolífico colegio Penyeta Roja, Andrea compartió pupitre con un medallista de Tampere, el marchador Dani Monfort, “sí, hemos ido a clase muchos años juntos y además vivimos en pueblos muy cercanos, Montalba yo y La Pobla él, lo que nos hizo hacernos también muy amigos; todos los que hemos tenido la suerte de pasar por ese colegio vivimos una experiencia muy especial; allí nos enseñan, no solo a disfrutar del deporte y de cada entrenamiento, sino también valores como la constancia, el sacrificio y la capacidad de compaginarlo con un buen rendimiento académico; además, una de las cosas más bonitas es que todos los niños del colegio vivimos una situación parecida: pasamos las tardes entrenando, los fines de semana compitiendo y eso hace que la sensación de esfuerzo sea diferente, porque tus amigos están haciendo lo mismo que tú y no sientes tanto que estés renunciando a tu vida social, porque compartes ese sacrificio con la gente que tienes alrededor; allí nos dieron una base atlética muy buena y un apoyo constante tanto a nivel deportivo como académico, algo que ha sido fundamental para muchos de nosotros”, reflexiona orgullosa del camino emprendido.
La excelencia de Andrea no se limita solo a la parcela deportiva, sino que a sus 19 años y medio puede presumir de haber alcanzado el ecuador, algo así como los tres primeros lanzamientos, de su grado universitario, “acabo de terminar 2º de Economía y, la verdad es que en época de exámenes sí que se me complica un poco compaginarlo todo, pero durante el resto del año intento organizarme bien y sacar adelante tanto la parte académica como la deportiva; a partir de ahora, estoy pensando en adaptar un poco más la carrera y repartir mejor la carga para poder llegar a todo de la mejor manera posible, tanto en los estudios como en el deporte”; su nivel deportivo le habría permitido cruzar el charco y estudiar en una universidad estadounidense, pero tiene las ideas muy claras a ese respecto, “la verdad es que sí he tenido la oportunidad, pero nunca ha sido una opción que me haya planteado realmente; creo que he tenido mucha suerte de tener unas buenas instalaciones y un buen entrenador cerca de casa, con todo lo necesario para seguir creciendo; además, soy una persona bastante familiar; me gusta mucho estar cerca de mi familia y mis amigos y nunca me ha llamado especialmente la idea de irme fuera a estudiar, siempre he tenido bastante claro que quería seguir cerca de casa y continuar mi preparación desde aquí”.

No todos sabrán que, siempre que el calendario lo permita, a esta integrante del Proyecto FER le encanta competir…en doma clásica, revelando seguidamente la génesis de esa afición, “a mi abuelo siempre le han gustado mucho los animales y ha tenido muchos; además, al vivir en un pueblo pequeño, creo que es algo más normal crecer cerca de ellos; desde pequeña, siempre me ha gustado estar con los animales, cuidarlos, jugar con ellos y pasar tiempo a su lado; más adelante empecé a hacer hípica y, como a mi padre también le gustan mucho los caballos, acabamos teniendo un caballo y una yegua propios; ahora la practico sobre todo como una forma de desconectar; paso bastante tiempo con ellos, ya sea montando o simplemente cuidándolos y es algo que me relaja mucho y me ayuda a desconectar; también participo en doma clásica en la liga autonómica, porque me gusta mucho todo lo que rodea a la competición: preparar el concurso, compartir los fines de semana con el equipo, ayudarnos entre compañeras, arreglarnos y vivir esa experiencia juntas; eso sí, siempre en momentos en los que no interfiera con el atletismo, que es mi prioridad”.
No es ella la única que en casa sube a pódiums nacionales, pues su hermano Javier es el actual medallista de bronce sub-20 en disco, “mi hermano antes practicaba tenis, pero también estaba en Penyeta Roja, así que el atletismo siempre ha formado parte de su entorno; supongo que influyeron varias cosas para que ahora practique atletismo: en casa me veía a mí entrenar y competir en lanzamientos, en el colegio muchos de sus amigos hacían atletismo y además entrenaba este deporte por las mañanas; también recuerdo que Toni le decía que algún día tendría que probar los lanzamientos porque veía que tenía cualidades para ello; al final acabó viniendo a entrenar conmigo, pero la decisión fue completamente suya: probó, le gustó y decidió apostar por ello y a mí personalmente me hizo mucha ilusión entrenar y vivir estas experiencias juntos”.
Para concluir, Andrea nos desvela sus objetivos atléticos, tanto los más inmediatos como los que sin duda perseguirá con denuedo a más largo plazo, “me gustaría llegar a ser olímpica. Los Ángeles 2028 es un objetivo muy exigente, pero mientras exista una mínima posibilidad voy a trabajar para estar allí y pelear por conseguirlo; a más corto plazo, uno de mis principales objetivos es seguir mejorando y dominar completamente la técnica, corrigiendo todos esos pequeños detalles que pueden marcar la diferencia; creo que todavía tengo mucho margen de mejora y quiero seguir evolucionando como atleta; a medio y largo plazo, además de ese sueño olímpico, me gustaría estar compitiendo en campeonatos internacionales absolutos, luchando por estar en finales y, ¿por qué no?, soñando con poder pelear por medallas; también me haría mucha ilusión, junto a mis compañeras del sector de lanzamientos, ayudar a darle más visibilidad a esta parte del atletismo que en muchas veces no tiene tanto protagonismo como otras pruebas; me gustaría poder ser deportista profesional, es algo por lo que voy a trabajar y luchar, intentando seguir creciendo y aprovechando todas las oportunidades que vengan”.
Indudablemente, Andrea terminará susurrando también a las grandes medallas.

