Lanzada hacia el futuro

La pesista Tilena Martínez afrontará en la Copa de Europa de Lanzamientos su primera internacionalidad sub23
Miércoles, 11 de Marzo de 2026
Alberto Hernández
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Tilena Martinez Tampere 2025 Sub20
RFEA | Sportmedia

Los días como hoy, en los que debe visitar al fisio después del entrenamiento, Tilena Martínez llega a casa pasadas las diez de la noche. Sucede bastante a menudo, pues su polivalencia permite encadenar sesiones de lanzamiento de peso y halterofilia casi todos los días. Solo se concede tregua los domingos y algún que otro sábado en el que no toca dorsal. El resto de la semana es sota, caballo y rey para esta estudiante de ingeniería agrónoma que cumplirá los 20 a finales de mayo: “Voy a clase por las mañanas y aprovecho los huecos para estudiar. Luego como, me echo una siesta y a las cinco, cinco y media como tarde, voy a entrenar. Lo habitual es comenzar con los lanzamientos y luego las pesas, pero me adapto dependiendo de los horarios del resto del grupo”. No es de extrañar que, cuando se le pregunta por sus hobbies, conteste risueña que suficiente con los libros, las barras, la técnica… que ya cuesta, que cuando no hay que atender a pasiones y obligaciones lo que le apetece a una es descansar.

Esa dualidad deportiva requiere varios ojos atentos a cada uno de sus movimientos, pues hablamos de disciplinas detallistas, con técnicas complejas que posibiliten dar salida a una ingente cantidad de fuerza. El trabajo se lo reparten Víctor Rubio y Manuel Martínez, su padre, que hasta este curso llevaba toda la preparación, pero a partir de ahora se centrará en la halterofilia. Aunque claro, cuando uno tiene una medalla olímpica y ha sido campeón mundial y europeo, cuando ha lanzado la bola en los más aristocráticos escenarios y ha vivido con holgura más allá de los 21 metros, es normal que “siempre vaya a ayudarme en la parte del atletismo. Él ha vivido todo lo que yo pueda llegar a vivir, así que, si estoy subida, me baja. Y si me ve baja, me sube. Es una suerte muy grande tenerle cerca”. Manolo, con ese verbo pausado y preciso, no pocas veces poético, lo resume así: “Debo ser un sitio en el que se apoye o se agarre. Mi tarea es fijarle los pies al suelo, en el bajón y en la euforia”.

De momento, nada de deshojar margaritas. ¿Por qué escoger entre pasiones? “Para los lanzamientos es imprescindible levantar peso, y te diría más, al final todos los atletas, de cualquier disciplina, hacen movimientos propios de la halterofilia… siempre que pueda lo compaginaré”, sostiene Tilena, en la misma línea que el mejor lanzador español de la historia: “Ya veremos lo que sucede. Es cierto que no conozco a nadie que lo haya compatibilizado al más alto nivel, pero tampoco sé de ninguna razón por la que no pueda hacerse. Cuanto más levante más va a lanzar, son actividades directamente proporcionales”.

 

Ella no vio lanzar a su padre, y ni mucho menos estuvo dirigida desde pequeña hacia el círculo. Todo lo contrario, “mi padre nos preguntaba cada año a mi hermana Eraduey y a mí si nos apetecía probar con el atletismo, pero preferíamos otras cosas. Estuve jugando a baloncesto en el colegio hasta la pandemia. Como no podíamos entrenar todo el equipo junto, nos volvió a preguntar, y esta vez le dijimos de probar, aunque a mi hermana no le entusiasmó y lo dejó. Con la halterofilia empecé un año más tarde”. Se le dio bien desde el principio, y el enganche aumentó a medida que se familiarizaba con la técnica y comenzaron a llegar las medallas (desde sub 18 las acumula en ambos deportes, aunque los primeros títulos llegaron el año pasado en el lanzamiento: campeona de España sub 20 indoor y al aire libre). “Le gusta entrenar y es muy trabajadora”, precisa Manuel, antes de detallar su principal hándicap (“la estatura, pero eso no lo podemos cambiar”) y sus numerosas virtudes: “Es muy fuerte, flexible, posee buena propiocepción y movilidad articular, interpreta bien su cuerpo, lo que le permite coger la técnica con relativa facilidad… buenas piedras para tallar, y lo mejor es que tiene mucho margen de progresión porque no lleva entrenado fuerte ni tres años”. Sobre su binomio con Rubio la explicación es sencilla: “En León unificamos los dos grupos de lanzamientos que había. Me encargo de la formación y él está centrado en el alto rendimiento, y el objetivo de Tilena es ese, destacar a nivel internacional”.

Este fin de semana se disputa en Nicosia, Chipre, la Copa de Europa de Lanzamientos. Será su primera internacionalidad sub23 (en 2025 fue 10ª en el Europeo sub 20), de la que, dados los vaivenes del mundo y quienes se empeñan en complicarlo a fuerza de no lanzar peso, sino bombas, no ha tomado conciencia hasta que recibió la convocatoria oficial y la equipación de España Atletismo: “Ha sido raro, no sabíamos si íbamos a ir o no… de hecho nos han dicho que si alguien tiene algún tipo de temor puede no competir. Pero claro, nadie ha dicho que no, porque es una internacionalidad y se la coge con muchas ganas. A mí me da mucha seguridad que la Federación esté detrás de nosotros porque, ¿qué es lo peor que puede pasar? ¿Que cierren el espacio aéreo de Chipre y nos tengamos que quedar algún día más? No, no tengo miedo”.

 

 

Otros tiempos, otras circunstancias, pero tampoco acudió amedrentado Manolo a ninguna de sus 16 citas con el evento, en el que resultó triunfador en cuatro ocasiones (más otros ocho podios). Al contrario, la rememora como una competición “muy emotiva, bonita, casi familiar. A los lanzadores nos llega al corazón y es normal que la recordemos con mucho cariño. Personalmente siempre se me dio bien, porque en invierno siempre rendí mejor que en verano, no me iba para nada el calor, y menos el húmedo… ¡Se nota que soy de León! Con más de 35 grados y humedad, sencillamente no podía, me ahogaba… no recuerdo ni un solo concurso que se me diese bien bajo esas condiciones”.

Tilena llegará a la Copa con su personal best recién horneada, los 15.84 que valieron la plata en el Nacional Absoluto, solo superada por la jefa actual del cotarro y compañera de fatigas diarias, Belén Toimil. Antes de esa soberbia actuación recuerda sentirse “muy nerviosa, lo pasé mal, pero me supe tranquilizar. La presión, a veces…”. Se refiere a una presión intrínseca, fruto de una autoexigencia elevada, como ha detectado su padre: “Es muy competitiva y con ella debemos hacer el trabajo contrario: restarle importancia a lo que hace. O darle una importancia relativa. Es un juego, vale que le echamos muchas horas y ponemos mucho empeño, pero no deja de ser un juego”. Lo que no hará su retoño es fijarse un reto traducible a metros y centímetros, ni en Nicosia ni en el resto de competencias que están por venir: “Funciono de otra manera, intento entrenar bien y… ¡que sea lo que Dios quiera (risas). El año pasado me estresé con la mínima para el Europeo sub 20, traté de quitármela de encima lo antes posible y no me salía… al final la logré cuando menos lo esperaba y aprendí que no hay que obsesionarse”.

Siguiendo con lo que pueda acontecer en tierras chipriotas, Manolo nos regala un epílogo fantástico: “Ha hecho ya lo más difícil, clasificarse. Solemos hablar de tácticas, le comparto herramientas que a mí me venían bien para gestionar ciertas situaciones… aunque ella ya desarrolla las suyas propias. Esto es un aprendizaje constante, así que allí tiene que hacer lo que sabe, no tratar de hacer nada que no sepa. Con eso será más que suficiente”.

 

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