Quizás algunos se pregunten cómo el nuevo orgullo txuri-urdin es capaz de combinar con idéntica prestancia el 1.500 y el 3.000; spoiler: henchido de moral como está, maquina asaltar también los 800 y los 5.000m, todo ello aderezado con el bronce por equipos del Eurocross, pero, ¿qué es eso para alguien que a los 18 años ya había vivido - y hasta sobrevivido según la ocasión - en El Cairo, Ciudad de Mexico, Johannesburgo y Texas?
Llegó, vio y venció; afrontaba Martín su primer campeonato de España absoluto en pista cubierta y se proclamó nada menos que ¡campeón de España! de 3000m, gesta que, confiesa, aún no ha asimilado, “estoy todavía en una nube, aún no me lo acabo de creer, y eso que he visto la carrera muchísimas veces, sobre todo para detectar puntos de mejora de cara a las próximas competiciones y ver cómo tengo que moverme para posicionarme mejor; tanto mi entrenador José Enrique Villacorta como yo estamos muy contentos de cómo fue la carrera y de su resultado; sabía que estaba para pelear las medallas, pero era consciente de que Pol Oriach estaba muy fuerte, venía con 7:39, y ganar el oro fue una barbaridad; este triunfo me ha dado mucha confianza y me hace tener mucha hambre de seguir haciendo buenas carreras, espero que sea el inicio de una larga carrera atlética”.
Martín cerró el curso pasado con 3:39.12 en su distancia fetiche, los 1.500m, pero en su debut bajo techo el 13 de enero ya reventó ese crono con 3:37.35, a pesar de coger el último billete del tren que conducía al mitin de Antequera, “no tenía previsto correr allí, pero estando en la sauna con ‘Villa’ me saltó una noticia de Instagram anunciando que Moha (Attaoui) iba a correr un 1.500 allí y recuerdo que le dije, “qué buena hubiera sido competir con él allí; lo hablamos y llamamos a mi representante, Álvaro Rodríguez a última hora; me sorprendió que, sin haber hecho ritmo de competición, me saliera 3:37:35 a la primera; la semana siguiente fui a Sabadell, sabía que la carrera iba a ser más lenta (3:39.38), pero acabé muy bien, me ganó Fontes al sprint por 8 centésimas y después (31 de enero) competí en Valencia, quedé segundo entre Mariano García y Adrián Ben, con 3:37:57”; a pesar de ese enero de ensueño en los 1.500m, saltó la sorpresa y eligió el 3.000 de cara al Nacional, “fue una decisión en el último minuto: corrí el 3000 de la Copa de clubes en Valencia, se me dio muy bien y noté que tenía un cambio final muy fuerte; como no tenía la mínima del Mundial para 1.500 y a ‘Villa’ no le gusta acelerar las cosas, él mira al largo plazo, decidimos apostar por el 3.000”; lo que no todos sabrán es el ambicioso plan que había visualizado la nueva perla de la Real Sociedad y que solo su prudente técnico abortó, “me veía fuerte y quería doblar 1.500 y 3.000 pero él me hizo ver que había semifinales de 3.000 y hacer cuatro carreras era demasiado, así que me lo prohibió (risas); me gusta correr todo porque es un privilegio para mí competir con atletas como Mariano, Adrián o Pol, a los que hace dos años veía por televisión, me parece surrealista compartir línea de salida con ellos, es un sueño hecho realidad”, explica humilde sobre su voracidad competitiva.

Glosa seguidamente la figura del atleta al que sucedió como campeón de los 3000m, “Pol lleva muchos años siendo una inspiración para mí y muchos atletas, ha brillado en todas las categorías; ahora en Madrid ha dado otro salto de calidad, ha corrido en 3:31.75 y ha competido en el Mundial de Tokio, que son palabras mayores, ojalá llegara yo a ese nivel; creo que esta temporada la empezó con alguna molestia o lesión, en el mitin de Valencia le gané, pero no por mucho y en muy poco tiempo fue capaz de ponerse muy en forma, eso me alegró mucho porque es una gran persona además de un atleta espectacular; había mucha juventud en ese Nacional, con atletas como Rubén Leonardo, Aleix Vives, Alex Pintado o Miguel Chazarra que estoy seguro de que van a ganar Nacionales y van a ir a grandes competiciones internacionales”; el veneno del 3.000 se lo inoculó a Martín un control denominado ‘los 3.000m de Anoeta’ organizado por la Federación Guipuzcoana en el que se disputaron un sinfín de series de la disciplina, “fue muy bonito correr en casa, tuvimos liebres y estuvo muy bien organizado; corrí en 7:52.04, pero sabía que valía menos porque me quedé solo a falta de 1.400m todavía”; sondeado sobre si este invierno ha valido menos de 7:40 su respuesta es tan tajante como práctica, “sí, creo que sí, pero eso sirve de poco, las cosas hay que hacerlas, vales lo que has hecho”; a la hora de los agradecimientos por tan soberbio invierno, no escatima elogios “a mi entrenador, a Ricardo Jiménez, mi médico de San Sebastián que siempre me ha ayudado mucho, mi familia y mis compañeros de entramientos”.
Causa estupor saber que este chicarrón del norte de 1.86m apenas lleva un lustro de dedicación al deporte olímpico rey por excelencia, “sí, por circunstancias empecé muy tarde, con 17 años, cuando estaba en mi último año de Bachillerato en Johannesburgo; sí me hubiera gustado haber empezado antes, pero estoy contento de cómo se ha ido desarrollando todo: ahora estoy en un muy buen momento, haciendo las cosas bien, estoy muy bien guiado y acompañado y con eso me quedo; disfruté mucho los años en los que jugaba al fútbol, aunque era muy malo (risas); como dice mi padre, la vida es una colección de experiencias y el que tiene más es el que suele acabar ganando”.
Aún recuerda Martín cómo fue su primera competición en Sudáfrica: “aunque jugaba al fútbol, en mi escuela había un 5.000, no recuerdo la marca pero se me dio bastante bien, quedé segundo o tercero por delante de muchos que sí hacían atletismo y allí fue cuando mi padre me animó a practicar atletismo, pero justo entonces empezó el Covid, allí la pandemia pegó muy fuerte y casi no se podía salir a la calle; ya con vistas al curso siguiente empecé a escribir a universidades de Estados Unidos; en principio quería estudiar en Inglaterra, quería ser capitán de yate pero al final, pero se interesó por mí una universidad privada de Texas de nivel 2, Saint Edwards”; relatándonos a continuación el inverosímil requisito de admisión, agárrense, “como apenas tenía marcas, me dijeron que si me grababa un video en una pista corriendo un 800 en 1:58 o menos me concedían la beca; entrené dos o tres semanas en serio para ello, me fui con mi padre a las pistas y me tomó 1:57 largos/1:58, así que fui admitido; luego, antes de empezar el curso vine a España en verano y mejoré a 1:55”; en agosto de 2021, recién estrenada su mayoría de edad, empezó su periplo en el país de las barras y estrellas, “allí las universidades son muy caras y sin beca creo que no hubiese tenido la oportunidad de estudiar allí”. No estuvo exenta de sustos esa primera experiencia, “tenía pensado viajar con mi madre pero por el covid tuve que hacerlo solo, llegué con una sola maleta que fue lo que me dejaron facturar, allí no conocía a nadie y además en el reconocimiento médico me detectaron un murmullo o soplo en el corazón y no me dejaron entrenar la primera semana hasta confirmar que todo estaba bien; ahí lo pasé mal, pero como ya hablaba inglés no me fue difícil integrarme en el equipo; la ciudad donde estaba la universidad, Austin, me gustó mucho, pero no teníamos pista de atletismo al ser una universidad de nivel 2 y nos teníamos que desplazar a una escuela que sí tenía; en Saint Edwards ya empecé a entrenar en serio y en abril ya hice 3:48.15 en 1500m; mi entrenador era Ryan Ponsonby, pero se jubiló y en el segundo año le sustituyó Steven Cary, que me empezó a meter demasiado kilometraje y tuve una fractura por stress en el peroné e incluso un edema; a pesar de eso, el entrenador me forzaba a entrenar y competir y ahí decidí cambiarme a Indiana; la verdad es que tuve mucho problemas para poder irme de Saint Edwards a la universidad de Indiana, donde entrené las dos temporadas con Eric Heins; con él entrené mucho a umbral y a partir de ahí empecé a mejorar bastante; él había entrenado en la NAU (universidad del Norte de Arizona) y les condujo a su primer título nacional de cross; llegó al mismo tiempo que yo a Indiana y me ayudó mucho a correr en cross”; la temporada pasada, en su segundo año como ‘hoosier’ fue cuando Martín destapó el tarro de las esencias y nos desvela la palmaria razón: “simplemente, estuve muy fuerte porque entrené muy bien, fui muy constante, no me lesioné y eso marcó la diferencia con respecto a los años anteriores: llegué a la final de la NCAA en Eugene, competir con gente de mucho nivel me hizo aprender mucho a nivel táctico, pero fue un poco amargo quedar 12º y último allí, aunque a solo un segundo y medio del primero, ahí aprendí que hay que colocarse bien”; curiosamente, estuvo a punto de permanecer otro año más en Indiana y nos relata el sprint, casi literal, que tuvo que hacer para titularse en los teóricos 4, “siempre pensé que me graduaría en 5 años porque al pasar de una universidad privada como Saint Edwards a una pública como la de Indiana hay créditos que no se convalidan; tuve que negociar el matricularme e ir a clase de todo lo que me faltaba para titularme y al final lo conseguí, aunque eso me hizo perderme el Nacional de Tarragona porque tenía que hacer 150 horas de prácticas antes del 1 de agosto y tuve que volver a Indiana después del Europeo sub-23”. Esa cita continental en Bergen se saldó con un 6º puesto en una final de un nivel más que conspicuo, “tenía mucha ilusión por mi primera internacionalidad en el Europeo, compartir viaje y experiencia con los mejores atletas españoles fue una pasada y un privilegio; compartí habitación con Jaime Migallón, que ganó bronce en el 10.000m y eso me dio una motivación excepcional de cara a mi semifinal; conseguí pasar a la final y ahí me di cuenta de que tenía una de las peores marcas personales (3:39.12), pero sabía que valía menos, lo luché y pude acabar 6º; los cinco primeros tenían mínima para el Mundial de Tokio; en Bergen estuvo Villacorta, que me enseñó mucho sobre cómo gestionar la carrera y afrontar mentalmente la competición”.

Nos comenta ahora cómo y cuándo entró en contacto por primera vez con quien es ahora su encantado mentor, “el primero que me habló de él fue Ricardo Jiménez, me pasó su número, le llamé, fue una conversación breve de 5 o 10m, me explicó su forma de entrenar y vi que me cuadraba perfectamente porque era un método parecido al que me había ido tan bien ese año pasado; le conocí personalmente en el Nacional sub-23 de Badajoz del año pasado y te podría escribir un libro sobre por qué creo que es un entrenador buenísimo: somos un buen grupo de atletas en León y se ocupa y se preocupa por todo, es como si fuéramos sus hijos, está a todo y todo el tiempo, se nota que tiene pasión por este deporte, le estaré eternamente agradecido”, detallando ahora cómo es a grandes rasgos su preparación, “los lunes y miércoles tenemos gimnasio; lunes, miércoles, viernes y domingo hacemos rodajes, el domingo más largo, martes y jueves series a umbral y el sábado series más cortas o cuestas; el kilometraje varía según la fase de la temporada, pero oscila entre los 110 en invierno y unos 90 ya en periodo de competición; el gimnasio me gusta, pero sé que le tengo que poner más ganas y hacer mejor los ejercicios, creo que ahí tengo un gran margen de mejora”.
Curiosamente, el vigente campeón olímpico de sus predilectos 1.500m es un nativo de Indiana, Cole Hocker; le preguntamos por el resurgimiento del mediofondo y fondo del país del Tío Sam, “Estados Unidos es un país gigantesco, hay un nivel casi infinito, lo tienen muy bien montado para celebrar competiciones de altísimo nivel en donde todo el mundo sale a hacer marca; con Hocker no he coincidido, pero sí con el canadiense Marco Arop, que entrena en Mississippi, con el campeón australiano Adam Spencer o con Ethan Strand”. De su otra carrera, la académica, nos ilustra, “estudié Sports Marketing and Management, es lo que siempre he querido hacer, estar en el mundo del deporte; me gustaría trabajar en la industria del deporte, alrededor de alguna marca, como la que me patrocina ahora, New Balance, que me ha ayudado mucho o en la Real Sociedad o en La Liga; el deporte se acaba en un momento dado y hay que hacer otras cosas después”.
El abanico de distancias en las que se maneja con destreza Martín no es menor, desde los 800m, pasando por el 1.500, 3.000m y el campo a través, luciendo su cuello la medalla de bronce por equipos en el último Europeo de Lagoa, “sí, la verdad es que soy un poco ‘todoterreno’, me gusta hacer de todo y es una pena no haber competido más en 800 hasta ahora, este año me gustaría hacer varios y mejorar por bastante mi 1:48.22; el cross no me hace mucha gracia, aunque no se me da mal; en Lagoa la experiencia fue increíble y volver con una medalla fue algo maravilloso; al aire libre siempre preparo el 1.500, es la prueba que mejor se me ha dado siempre y la que más me gusta con diferencia y, aunque igual pruebo en algún 5.000, el foco siempre estará en el 1.500”, concluye rotundo; buena prueba de que el campo a través no escapa a sus tentáculos es la recentísima medalla de plata que se colgó en el Mundial de cross universitario celebrado en Cassino (Italia) sobre los 3.000m del cross corto, “salí con Quijada y Adam (Maijó), pero nada más empezar casi me caigo, hubiera arrastrado además a Quijada, pero me ayudó a levantarme; salí conservador y aproveché la cuesta larga que había para ir pasando gente y ya en la última me situé en cabeza en esa cuesta a falta de 600m intentando romper la carrera, pero se me pegó el francés, se me hincharon mucho las piernas en esa subida y él, que había reservado más, me pasó al final; igual fue un error tirar tan fuerte, no lo volveré a cometer; en todo caso, estoy muy satisfecho con esa plata y con el oro por equipos, corrimos los tres muy bien”.

Sondeamos a Martín sobre el crono que podría conseguir este verano y cuando le insinuamos 3:32, crono en el que se mueven varios de los rivales a lo que ha tratado de tú a tú este invierno, exclama con alborozo, “solamente escuchándolo me parece una burrada, ojalá pueda estar en esa marca; el primer objetivo es hacer la mínima de 3:33.50 para el Europeo de Birmingham (10 al 16 de agosto); en todo caso, intento no pensar mucho en las marcas y centrarme más en entrenar bien e ir mejorando día a día como atleta”; la disputa para hacerse con una de las tres plazas en juego en el Nacional de Málaga (24 a 26 de julio) se barrunta cruenta y electrizante, “va a ser una lucha muy bonita, hay muchos atletas que lo van a pelear: Pol Oriach, Mariano García, Adrián Ben, Mario García Romo, Eric Guzmán, Nacho Fontes, Carlos Sáez, Álex Pintado… y podría seguir; va a ser un privilegio competir con todos esos grandes atletas en el Nacional”.
Ha contado siempre nuestro protagonista con una gran tradición familiar en el mundo del deporte y de muy alto calibre: “mi abuelo Ángel fue futbolista del Real Madrid, la Real Sociedad, el Sevilla, el Girondins de Burdeos y también entrenador de la Real Sociedad, y mi padre José María fue remero olímpico en los JJOO de Seúl 1988, así que tenido buenos ejemplos; mi padre siempre me ha dicho que lo nervios son buenos, me ha enseñado a gestionar las emociones y hablamos a diario para comentar lo que estoy haciendo y los objetivos de la temporada”; si bien hablar con el ‘aita’ a diario es algo normal, no lo es tanto haberlo hecho en latitudes tan dispares como Egipto, Mexico y Sudáfrica, destinos laborables de su progenitor, “mis padres son ambos de San Sebastián y yo nací allí, pero por el trabajo de mi padre nos fuimos a El Cairo cuando tenía siete años; estuvimos dos años y recuerdo que lo pasé mal, tuve que aprender inglés porque íbamos a una escuela inglesa, pero tuve la suerte de apoyarme en mis dos hermanos mayores, Nora y Paul; luego estuvimos otro par de años en Mexico DF, el primer año estuvimos en una escuela pública, mi hermano y yo éramos los únicos alumnos internacionales y nos hacían un poco de ‘bullying’, luego en el segundo año ya nos cambiamos a una privada, aunque la mejor experiencia fue la de Sudáfrica, allí estuvimos seis años y aún mantengo relación con mucha gente de allí, es un país con una naturaleza espectacular y la gente es maravillosa”.

A la hora de citar a sus referentes, lejos de elegir a atletas ya retirados Martín cita a los que serán sus contrincantes este verano en el ‘milqui’ y añade a Moha Attaoui, “me sorprendió muchísimo cuando dio el salto de calidad y aún ‘flipo’ cada vez que pisa una pista de atletismo; de fuera siempre he sido muy seguidor de Jakob Ingebrigtsen, me gusta mucho la confianza con la que afronta las pruebas; está ahora lesionado, pero seguro que volverá en algún momento”. ‘Last but not least’ se le ilumina la mirada cuando explicita cuál es su sueño dorado, ése que le conduce a entrenar diariamente con indisimulada pasión en tierras leonesas, “los Juegos Olímpicos de Los Angeles 2028 siempre han sido mi sueño, es un sitio espectacular para albergar unos JJOO y es mi gran objetivo a largo plazo”. El que avisa no es traidor. ¿Un vaticinio? Segurola que estará allí.
